discurso de juan-pablo II

Discurso del Santo Padre Juan-Pablo II durante el encuentro de oración celebrado en la catedral de Évry, 22 de agosto de 1997 (el Santo Padre agregó los pasajes en cursiva en relación con el texto oficial).

Queridos hermanos en el episcopado, queridos hermanos y hermanas:

En nombre del Señor resucitado, os saludo cordialmente. Doy las gracias al pastor de esta diócesis por acogerme con todos vosotros en esta catedral de la Resurrección : catedral moderna, como se puede constatar fácilmente y, después de Notre Dame esta mañana, se ve que los siglos y los estilos se superponen. Me alegra saludar en particular a los representantes de las demás comunidades cristianas y de las demás tradiciones religiosas, que han querido unirse a los católicos de Essonne en este día. Doy las gracias a las personalidades civiles de la ciudad y del departamento por participar en esta ceremonia.

Hermanos y hermanas, habéis construido este edificio audaz; habéis realizado un admirable espacio para la asamblea litúrgica de la Iglesia diocesana. Doy gracias al Señor, y comparto vuestro agradecimiento a los pastores, al arquitecto, a los constructores y a los bienhechores, que se han unido para elevar este signo en el corazón de la ciudad nueva de Évry, la casa de Dios y la casa de los hombres. Se trata de un gran gesto de esperanza, un testimonio de vitalidad de una comunidad que ha querido, con razón, expresarse con el lenguaje de este tiempo, en el umbral del nuevo milenio.

Como Sucesor de Pedro, vengo a confirmaros en la fe, en comunión con la Iglesia universal, como testimonian vuestros vínculos con la diócesis de Múnich (München), bajo la dirección de san Corbiniano. Cada Iglesia particular participa en la misión confiada por Cristo a todos sus discípulos, según la vocación y el estado de vida de cada uno. Quisiera expresar mi afecto y mi aliento a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos y a las religiosas, así como a los responsables laicos que, de diversas maneras, trabajan al servicio de la comunidad diocesana.

Seréis verdaderos constructores de la Iglesia, templo espiritual, si lleváis la buena nueva a todas las naciones; si entabláis diálogo con vuestros hermanos de diferentes orígenes y culturas; si acogéis a los heridos de la vida, a los pobres, a los enfermos, a los minusválidos y a los prisioneros; y si acogéis también a los representantes de las diversas clases, de cualquier parte del mundo que vengan. Se ve al recorrer la ciudad: se ven africanos, asiáticos; gente de todo el mundo, por todas partes. Esto es un buen acompañamiento para la Jornada mundial de la juventud. Todos están llamados a ser piedras vivas del edificio, cuya piedra angular es Cristo, el centro de todas las razas, de todas las naciones, de todas las lenguas.

Hermanos y hermanas, haréis viva esta catedral, al igual que todas las iglesias de esta diócesis, si os reunís en ella para reconocer, ante todo, la presencia de Cristo resucitado, presente en la Eucaristía y en todos los sacramentos, presente mediante su Palabra, presente en la comunidad congregada.

A él, el Viviente, el que es, que era y que va a venir, le encomiendo vuestra Iglesia diocesana. Que él os dé la fuerza de la fe y la generosidad de la caridad; os permita iniciar a los niños en la fe; y suscite entre vosotros las vocaciones al sacerdocio ministerial y a la vida consagrada, indispensables para la vida de la comunidad. Y debo decir que oro por las vocaciones todas las mañanas.

Para cada uno de los fieles de la diócesis, para todos los habitantes de Essonne y para el futuro de esta diócesis, invoco la intercesión materna de la Virgen María y de los santos de vuestra tierra, que son numerosos.

Alabado sea Jesucristo! Desde hoy tenemos un nuevo beato: Federico Ozanam.


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